La sensación de amenaza tiene su manifestación física de modo significativo en nuestro estómago. Gases, inchazón, diarrea… ¿Por qué? ¿Existe una relación significativa entre nuestro estómago y el cerebro? ¿Podría ser nuestro estómago un segundo cerebro?

Científicos como el famoso cirujano digestivo Mario Alonso Puig o el investigador Michael Gershon, son exponentes de las nuevas consideraciones sobre el eje mente-estómago. Podemos encontrar numerosas charlas de Alonso Puig en internet. El investigador Michael Gershon escribió “El segundo cerebro” («The Second Brain»), donde explica que el estómago es un pequeño segundo cerebro compuesto por millones de neuronas, conectadas con el cerebro principal.

La relación entre el miedo y el estómago según Alonso Puig

No os vamos a contar nada que sean divagaciones personales, ni nada que no hayamos escuchado o leído de expertos que nos encantan y que abordan la materia de la que hablamos en este artículo. Mario Alonso Puig (miembro de la New York Academy of Sciences y de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia), desvela de un modo cautivador y convincente los entresijos del funcionamiento del miedo y cómo éste se manifiesta en el cuerpo.

Cuenta en sus charlas, que cuando nos sentimos amenazados, ya sea por una amenaza real o imaginaria, nuestro detector de amenazas (las amígdalas del cerebro) se activa, cogiendo sangre de la parte anterior del cerebro y produciendo una deficiencia de sangre en esa zona. Compresión, aprendizaje, creatividad y toma de decisiones se ven entonces mermadas. También, los dos hemisferios del cerebro no se comunican correctamente.

Este desajuste se traduce de forma evidente y física en nuestro estómago. El sistema nervioso simpático paraliza el tubo digestivo, la comida no fluye y se pudre, generando problemas digestivos.

¿Qué podemos hacer para remediar ésto? Si sentimos una amenaza (la cual, la mayor parte de las veces en nuestra vida no es cierta y la generamos nosotros), nuestra capacidad de encontrar recursos que favorezcan la curación se reduce. Si cambiamos nuestro enfoque podremos estar mucho mejor y hacer frente a los problemas con una mayor claridad. Algo tan simple como una sonrisa, puede hacer que el sistema simpático se calle y sea el parasimpático el que funcione, aumentando el sistema inmune.

Además, Puig nos propone encarecidamente que a nivel social, la voluntad de afecto y cooperación entre las personas sea primordial. En una situación entre dos personas en la que ambas partes se sienten comprendidas, cooperan, se dan amor… el cerebro produce un analgésico natural muy potente en ellas, además de que sus cuerpos se protegen de manera natural frente a las enfermedades.

Según cuenta Puig, las investigaciones del científico Richard Davidson, han podido ver en el cerebro que si alguien visualiza mediante meditación el afecto hacia los demás, la parte anterior del cerebro (la que se limita debido al miedo), crece en grosor, crea nuevas neuronas y neutraliza el miedo. La reflexión de Alonso Puig es que “el amor vence al miedo, no el valor.”

¿Qué otras cosas nos hace pensar que el estómago es un segundo cerebro?

Una gran similitud del estómago con el cerebro se encuentra en que el estómago libera neurotransmisores. El principal es la serotonina, que es la llamada «hormona de la felicidad».

El estómago posee una red neuronal que se encuentra entre las capas mucosa, submucosa y muscular, regulando las funciones motora y mucosa del tubo digestivo. Que cien millones de neuronas compongan esta red puede llevarnos a hablar del estómago como si de un segundo cerebro se tratara.

En el plano de las emociones y de su relación con el estómago, existe un desorden funcional del sistema digestivo que afecta al 10 por ciento de la población llamado “colon irritable”. No se conocen las causas exactas que lo provocan y las pruebas médicas (endoscopias, colonoscopias, ecografías, análisis…) no encuentran nada. Sin embargo, a menudo se relaciona la tensión emocional con el mal funcionamiento del colon. Esto se piensa porque el sistema nervioso central está unido al cerebro y al sistema digestivo. Y es que el distrés (estrés negativo) genera toxinas en nuestro cuerpo que afectan al tejido neuronal del sistema digestivo. Se cree que las emociones se somatizan en el estómago debido a que cerebro y estómago están comunicados. El control de estrés, no vivir sintiéndote constantemente amenazado, el amor hacia los demás, la cooperación y compasión, sentirse comprendido… pueden ser vías curativas debido a la relación de las amígdalas del cerebro con el tubo digestivo, tal como comentábamos que exponía el doctor Alonso Puig.

La microbiota intestinal tiene un papel determinante en el buen funcionamiento del estómago, y es cada vez más común la toma de probióticos para fortalecer la flora, mejorando no sólo la ingesta de los alimentos sino también el estado de ánimo.

En Julia siempre pondremos de nuestra para darte de comer alimentos saludables, BIO y tratarte con amabilidad. Porque nos importa la salud de las personas, las emociones, las vivencias con amor… Intentaremos cuidar siempre de tu segundo cerebro.

Referencias: Video de Alonso Puig: youtu.be/7NQuUsJE0gw | www.muyinteresante.es | lamenteesmaravillosa.com | www.lavanguardia.com | www.bbc.com | www.infosalus.com | www.elmundo.es | www.bbc.com
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